HISTORIAS CORTAS HOMENAJE MIGUEL DE CERVANTES PARTE 1

EL GENIO Y LA QABALAH
Por Moisés Chávez
En la mañana del 23 de abril del 2013 empecé mi clase de literatura en el Aula Magna de la California Biblical University (CBUP) diciendo que no deja de admirarnos un hecho muy interesante que une a tres genios de la literatura universal: A Miguel de Cervantes Saavedra, al Inca Garcilaso de la Vega y a William Shakespeare. Y es que los tres murieron en el mismo año, 1616. Cervantes y Garcilaso en el mismo día, el 23 de abril.
Este hito cronológico muy interesante hice resaltar de nuevo el 23 de abril 2014, en que se conmemora el nacimiento de Shakespeare hace 450 años, motivo para la revista argentina MUY INTERESANTE de dedicarle su edición de abril.
Y al empezar el 2016, la CBUP-VIRTUAL se dispone a hacer revivir a estos tres gigantes en el 400 Aniversario de su muerte, con una serie de historias sobre su legado. Como bien dice el Eclesiastés, “el día más importante de tu vida es el día de tu muerte”, porque sólo entonces se te puede evaluar con justicia y equidad.
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Aunque vivieron en mundos distintos, estos tres gigantes de las letras están muy interrelacionados: Cervantes por ser el padre de la literatura española, Shakespeare por ser el padre de la literatura inglesa (ambos imperios, el español y el inglés, eran los más poderosos de ese tiempo), y Garcilaso por ser el padre de la literatura latinoamericana, cuyos Comentarios Reales rescatan el Imperio de los Incas.
Este hecho no solamente ha llamado la atención de los críticos literarios en el mundo hispano e inglés, sino de la opinión pública mundial representada en las Naciones Unidas, y la UNESCO en su Conferencia General de 1995 designó el 23 de Abril el DIA MUNDIAL DEL LIBRO Y DE LOS DERECHOS DEL AUTOR.
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Estamos a muy corta distancia del 23 de Abril del 2016 en que se cumplirán 400 años del fallecimiento de Don Miguel de Cervantes Saavedra, y la California Biblical University, que me complazco en dirigir, ha escogido esta fecha para convertirse en CBUP-VIRTUAL y poner al alcance de todo lector de habla hispana una gran biblioteca que incluye el aporte bíblico de Cervantes.
En este ambiente de efervescencia nuestra Editorial Juan Ritchie – Ediciones CBUP-CEBCAR empieza por poner en vuestras manos mi obra, Psicoanálisis de Don Quijote de la Mancha, relacionada con la ingeniosa ocurrencia de mis estudiantes, de llamarme “el Doctor Trepanación de la Mancha”, dizqué porque les trepano el cerebro a la manera de los cirujanos incas, y porque los trepanados son “una mancha”, es decir, una legión. Mi tío, Don Quijote, diría que lo que hago no es otra cosa que “desencantamiento” y me llamaría “encantador”.
Pero, doctor, ¿no cree usted que la fecha de la muerte de Don Miguel de Cervantes es de veras un caso de estudio relacionado con la Qábalah?
¿En qué sentido, excelentísimo Calongo?
El hecho de que los tres hayan muerto en el mismo año. . ¡Escríbale a Michael Drosnin para saber si ellos tres están incluidos en el Código Secreto de la Biblia!
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Desde que tuvimos en la California Biblical University un curso acerca del Código Secreto, muchos de nuestros estudiantes se han fanatizado con el tema y, como Calongo, dejan volar su imaginación.
Cambiando el rumbo de nuestra conversación, le digo a mi interlocutor respecto de Cervantes:
Sus peripecias, sus grandes limitaciones económicas, su injusta reclusión en la cárcel, sus esperanzas mal puestas en la justicia remunerativa del rey de España. . . Gracias a Dios por todo esto.
¿Se refiere a que todas estas cosas lo empujaron a escribir?
Tenía en mente el hecho de que el rey no le concedió sus anhelos de obtener como premio de sus denodados servicios a España un corregimiento en Potosí, o en Chuquiagomarca (La Paz), o en cualquier otro lugar del Alto Perú a donde había elevado su mirada expectante. De haber atendido el rey a su solicitud, es posible que nos quedábamos sin el genio de Cervantes y sin el ingenio de Don Quijote. . .
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Don Miguel de Unamuno llama a la obra maestra de Cervantes, “el Evangelio de Don Quijote”, o el “Quinto Evangelio”, porque ninguna obra española tan difundida como ésta presenta mejor a quien Juan A. Mackay denomina “el Otro Cristo español”.
¿No cree, doc, que hay Qábalah de por medio y que detrás de todo está la Providencia divina?
¿En qué sentido, Calongo?
En el sentido de que a los que a Dios aman, todas las cosas les ayudan a bien.
¡Por supuesto que sí! Porque si de escritor sufrió escasez, de corregidor quizás hubiera muerto empachado a la manera de Nabal, el marido de Abigail, esposa de David. Pero gracias a Dios no se aplican a Don Miguel de Cervantes las palabras de Los Proverbios del Moisés Nº 212, que dicen:
El hombre instalado
Es un hombre acabado.
Y su membrete
Es su lápida de ineptitud.
¡Lo que no ocurrió jamás con Don Quijote! ¡Ni con Don Miguel de Cervantes!


Las cosas tienen también otro perfil manifiesto en el contraste de Don quijote y su Rocinante, y Sancho y su rucio: Es el contraste entre el idealismo y el realismo, en que el idealismo, es verdad, se yergue alto hasta alcanzar el Sol y las estrellas, pero se quema fácilmente al rozar con la realidad de lo alto. Mientras que el realismo va al ras del suelo, a veces llegando a arañar y comer tierra, pero a menudo sobrevive.
¡Qué tragedia humana es que el balance entre idealismo y realismo algunos, como Don Quijote y Sancho, sólo lo logren en el lecho de la muerte!
Pero algo es algo, doc, porque la mayoría de los seres humanos no lo logra jamás.
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Y hay otro contraste más, que a veces toca la dimensión de lo patológico. Es lo que obsesiona a Don Quijote, y al final, incluso le llega a preocupar a Sancho, y a mí mismo: El problema de los malévolos encantamientos, tan en boga en la España de esos tiempos y de hoy. Por eso, las historias incluidas en el presente libro tienen que ver con este aspecto de la vida: La realidad de los encantamientos y los desencantamientos. O dicho en términos de actualidad: La codificación y la decodificación, el bloqueo y el desbloqueo, la enfermedad y la salud, la alergia anafilaxia y la vida sana, el estancamiento y la fluidez, el trauma y la liberación, la polución y el equilibrio ecológico, la censura y el imprimatur, el absolutismo y la empresa liberal, la excomunión y la restauración de la comunión (generalmente sólo en la cueva de Montesinos), la cautividad y la libertad, la luz roja y la luz verde, en todos los ámbitos de la vida: Consciente, subconsciente, inconsciente e inconsciente colectivo.
En resumidas cuentas, nos preocupa tanto como a Don Quijote qué hacer para que todos los seres humanos sean verdaderamente libres.
¿Quiere decir que los encantamientos son una especie de codificación y los desencantamientos son una especie de decodificación?
¡Tú lo has dicho, excelentísimo Calongo!
¡Por algo le llaman a usted “Gran Mago Decodificador” y “Don Trepanación de la Mancha”. ¿Alguna relación familiar con Don Quijote?
Era mi tío.
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Vuestro servidor es docente en el campo de la Decodificación en la Escuela Militar de Inteligencia del Ejército (EMIE), en el Programa de Diplomado de Inteligencia Estratégica para la toma de decisiones en el marco de la seguridad, la defensa y el desarrollo nacional.
En conexión con esta labor escribí la presente obra que dedico a la memoria de Don Miguel de Cervantes Saavedra, Padre de la Literatura Española, al conmemorarse el 23 de Abril del 2016, cuatrocientos años de su sensible fallecimiento, sin percatarse de la gloria con que lo cubrirían los siglos de la historia.
En honor de Cervantes, que se sobrepuso a todo tipo de encantamientos y limitaciones y vivió como hombre libre y digno, exponemos en esta obra una serie de casos de estudio relacionados con desencantamientos gracias a los cuales los enigmas encuentran solución y se disfruta el placer de entender. Porque como diría un hombre sabio, “el mayor placer de la vida no es el placer sexual, sino el placer de entender, y sobre todo, el placer de entender a Dios”.
Cervantes diría por experiencia propia: “No se gana, pero se goza.” Y si bien, la vida de Cervantes y la vida de Don Quijote se fusionan en una sola vida, sus grandes tragedias no se sienten si somos inocentes y estamos encantados de vivir.
Al final de la novela de la vida en el camino y en la aventura, la muerte constituye, paradójicamente, la liberación de todo hechizo, que halla expresión en la interjección “¡Jesús!”, sea en boca de Don Francisco Pizarro, o en boca de Galileo Galilei, o como se dice de Don Quijote de la Mancha: “Dio su espíritu” (Mateo 27:50).
Realmente “dio su espíritu”, no sólo a nosotros que hablamos el idioma de Cervantes, sino a todos los pueblos del mundo a cuyos idiomas Don Quijote ha sido traducido.


EL CODIGO “QUIXOTIZ”
Por Moisés Chávez
En el 2016 se cumplirán 400 años de la partida de Don Miguel de Cervantes Saavedra, Padre de las letras españolas. Se prevé que muchos escritores y casas editoriales recordarán este hito histórico, y vuestro servidor se suma a ellos para decodificar el “Código QUIXOTIZ”, el conjunto de mensajes cifrados que introduce Cervantes en El Quijote, a los cuales no se ha logrado acceder mediante la crítica literaria convencional.
En lo que a mí respecta, decodificar el Código QUIXOTIZ representa un reto, una carrera de 100 metros planos que me he propuesto ganarle a Dan Brown, gracias a las revelaciones de dos grandes amigos que de antemano te los quiero presentar: Casiodoro de Reina y Juan A. Mackay.
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La literatura de Cervantes y la de Reina, ha sido tema de numerosas publicaciones, no sólo porque son contemporáneos y pertenecen a la Edad de Oro de las letras españolas sino también porque atesoran el Santo Grial que les hizo vulnerables en su patria. De allí que muchas veces ambos recurran al lenguaje cifrado.
También penetramos al alma de Cervantes de la mano de Mackay quien denomina el tipo de cristianismo arraigado en el alma de Cervantes como “el Otro Cristo Español”. El muestra que aparte del “Cristo” (entiéndase el término en el sentido de “cristianismo”) que introdujo España en América, existe en España otra modalidad de cristianismo que hay que explorar porque es auténticamente bíblica y auténticamente hispana. Es el cristianismo de los católicos-evangélicos españoles, y para explorarlo y descubrirlo en la obra de Cervantes nuestro referente son las obras de Mackay, El Otro Cristo Español Esa otra América.
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Grandes lecciones derivamos de lo que escribe Mackay en Esa otra América del “prototipo de ellos y el nuestro”, refiriéndose a España e Inglaterra, cuando son trasplantadas en sus colonias en las Américas. Con derroche de didáctica recurre a las figuras simbólicas de Don Quijote y Robinson Crusoe que representan al mundo español e inglés respectivamente. Dos actitudes diferentes ante la vida, dos tipos de logros espirituales, dos formas de civilización mundial están escondidos en los héroes de Cervantes y Defoe.
En La épica de América, de James Truslow Adams, Mackay ve a Robinson Crusoe en la experiencia de los Peregrinos que vinieron al Nuevo Mundo, no para ganar a los salvajes a su fe, sino para poder vivir su fe. Por otro lado, Don Quijote era tanto un soldado como un apóstol, y se consideraba “el brazo del Señor”.
¿Qué Don Miguel de Cervantes representa esta veta del cristianismo español? ¿Qué Don Quijote acusa un objetivo misionológico?
Aunque usted no lo crea, Don Quijote, o Cervantes, que da lo mismo, tiene un claro objetivo misionológico, como lo tenía España toda, representada, dice Mackay, “en el gran explorador quijotesco” que fue Cristóbal Colón.
Para Mackay, Colón, “empapado en las imágenes sublimes de Isaías, su escritor favorito, se consideraba a sí mismo ordenado por Dios para dar cumplimiento a la profecía de Isaías 60:9, interpretándola en el sentido de que bajo su liderazgo las naves de Tarsis (que es España) traerían desde islas distantes oro y plata para el usufructo del Dios con quien España estaba en pacto, y con ellos, nuevos hijos e hijas liberados de sus errores paganos para enaltecer la gloria del Sión español.”
Es así que con cada expedición al Nuevo Mundo vinieron sacerdotes y monjes cuya tarea no era solamente ministrar las necesidades espirituales de los expedicionarios sino también llevar a cabo la evangelización de los indígenas.
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Mackay ilumina el contexto general dentro del cual el Código QUIXOTIZ aparecerá en el spot light. Y la relación de Cervantes con Reina y la Biblia del Oso nos ayudará a dar con el Otro Cristo Español. Porque no me digas que un escritor de la talla de Cervantes no se había enterado de lo que hacía Reina en medio del conflictivo y peligroso mundo que les tocó compartir. Porque la publicación de la Biblia del Oso en 1569 coincide con el cumpleaños número 22 de Cervantes, con su último año de estudios en la Escuela de Humanidades de Madrid y con su partida a Italia, donde su acceso a la Biblia del Oso pudo haber ocurrido sin los peligros de casa.
El estudio lexicográfico y fraseológico de Don Quijote realizado en el proceso editorial que condujo a la publicación de la Biblia Científica Reina-Valera Actualizada (RVA) en Fort Bliss, El Paso-Texas, despertó la sospecha de que la Biblia del Oso era la Biblia que Cervantes citaba, textualmente y de memoria. La sospecha no es nuestra ni reciente, porque justo por ella la Santa Hermandad hizo un escrutinio meticuloso de Don Quijote de la Mancha antes de dar permiso para su publicación.
Este aspecto de la investigación ha esquivado a la crítica literaria y creo que mis hermanos españoles apreciarán positivamente mi contribución. Esto presiento al ver la apreciación de la obra de Reina por José María González Ruiz, que se refirió a él como uno de “los santos que no serán canonizados”. Permíteme decir lo mismo de Don Miguel de Cervantes, vale.
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Las cosas no eran fáciles para Cervantes, de modo que arriesgó mucho al citar las Escrituras a partir de la Biblia del Oso.
La Biblia del Oso circuló en España gracias a los contrabandistas de Dios, como Julianillo, que nueve años antes había ofrendado su vida en el Auto de Fe del 22 de diciembre de 1560, tras haber introducido a España, de contrabando, el Nuevo Testamento del Doctor Juan Pérez de Pineda.
¿Cómo lo hacían, tío? ¿Cómo lograban burlar a los guardias de la frontera?
¡Metiendo la Biblia del Oso dentro de toneles de vino, hombre!
¿En toneles sin vino?
¡Con vino, hombre! Y de la mejor calidad. De esto son testigos los guardias de la frontera, porque los contrabandistas de Dios fueron generosos cuando se trataba de brindar con ellos.
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¿Cuál era el propósito de Cervantes, aparte de burlar a la Santa Hermandad?
¿Era sólo entretener? Esto piensa la mayoría de los lectores. Y con razón, porque quien se jaraneó más de la cuenta con las peripecias de sus personajes sería el mismo Cervantes.
¿Acaso su objetivo era ganar alguito, sobre todo en medio de las paupérrimas circunstancias económicas que atravesaba, y ante el hecho de que en sus narices apareció la Segunda Parte de las hazañas de Don Quijote de la Mancha en una edición pirata?
¿O tenía Cervantes un objetivo más personal que se desconoce hasta hoy y que la decodificación del Código QUIXOTIZ pudiera revelar?
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Espero que a España, madura ya tras siglos de lucha intestina, no le dé un ataque surtido si le digo, recurriendo a la expresión acuñada por Don Marcelino Menéndez y Pelayo: Cervantes era un heterodoxo español. El era católico-evangélico, como Casiodoro de Reina, como Cipriano de Valera, como yo.
Cervantes conocía indirectamente al hermano Casiodoro de Reina y directamente al “Otro Cristo Español”. Don Quijote no es más que su mascarilla para dar un valiente testimonio de su fe católico-evangélica y escapar ileso de las fauces de la Santa Hermandad.
¿Quieres pruebas documentadas al respecto?
Don Quijote le escribe a Sancho: “Cuando esperaba oír nuevas de tus descuidos e impertinencias, Sancho amigo, la oí de tus discreciones, y por ello di gracias particulares al Cielo, el cual del estiércol sabe levantar a los pobres y de los tontos hace discretos.” Es la exacta formulación de la Biblia del Oso en 1 Samuel 2:8 .
¿No te intriga cuando dice a Sancho: “Bien parece que no estás cursado en esto de las aventuras. Ellos son gigantes, y si tienes miedo, quítate de ahí y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla”?
¿No te suenan sus palabras como las de los “guerreros de la oración” que Wilfredo Kapsoli puso al descubierto en el Perú?
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Cuando Don Quijote dice de su dama, “la importancia está en que sin verla lo habéis de creer,  confesar, afirmar, jurar y defender” se entrevé el léxico y el pensamiento de fondo de la Epístola a los Hebreos respecto de la fe.
Cuando refiere Cervantes, “partieron al entierro de otro que de estudiante se había hecho pastor, llamado Grisóstomo, muerto, al parecer, por desdenes de una que también se había hecho pastora”, parece aludir a alguien conocido con el nombre del pastor de la Iglesia de Constantinopla, para revelar que era frecuente en su tiempo optar por el pastorado evangélico en la periferie de España.
Este tipo de lenguaje “pastoril”, que oculta un mensaje “pastoral”, no llamaría la atención si no fuera por su proliferación en la parte final de Don Quijote.
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La decodificación final del Código QUIXOTIZ sólo es posible a partir del epílogo de Don Quijote, cuando Cervantes pone en labios de éste ciertas expresiones relacionadas con la pastoral, las mismas que a lo largo de los siglos han sido asociadas sólo con lo pastoril, contribuyendo a su codificación.
Debajo del sobrecargado énfasis pastoril del epílogo se encuentra soterrado un testimonio evangélico dirigido a lectores con nombres y apellidos pues terminada su guerra espiritual, todos los personajes se convierten en pastores: “Respondió Don Quijote que él se había de llamar el Pastor QUIXOTIZ; y el bachiller, el Pastor Carrascón; y el cura, el Pastor Curambro, y Sancho Panza, el Pastor Pancino.”
Al barbero Nicolás le llama Pastor Miculoso. . . ¿Por qué, ah?
Acaso por su meticulosidad.
¿La manyas? Los términos son pastoriles, pero el mensaje es pastoral, ¿acaso anhelando emular a Reina, que habiendo sido monje terminó ejerciendo el pastorado evangélico?
Como es sabido, mientras prosiguió su labor de edición de la Biblia del Oso en el destierro, Reina ejerció el pastorado en Inglaterra y Francia. El utilizaba tan bien el francés en la predicación que en Europa era conocido, no como el pastor español, sino como “el pastor francés”.
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¿Sabes qué es lo que más me impresiona de la relación de Don Quijote y Sancho?
Que entre ellos dos se da un discipulado sin paternalismos ni nepotismos; que el paso del tiempo perfecciona y sana, en contraste con lo que suele ocurrir en la sociedad humana: Que la confianza y la costumbre conducen al deterioro y la corrupción.
Así de risible que es el contraste entre ellos, es admirable la manera como se respetan, se aman y se integran, como los discípulos que Jesús envió de dos en dos.
El hecho de fondo es que un hijo pródigo y un codicioso, un apasionado por la justicia y un falto de ética, un filósofo y un pragmático, un místico y un materialista, un abstemio y un glotón, un flaco y un panzón, y a cual más mentecatos los dos, son puestos juntos y hacen equipo, y terminan funcionando de maravilla en lo que respecta a la Missio Dei. Y de ellos dos se dice como de los pentecostales: Que saben que lo que hacen es imposible, que no puede ser; pero tercamente insisten en hacerlo. . . ¡Y les resulta!
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¡Sin duda, hacía falta Don Quijote en la vida!
Pero tampoco había que dejarlo de su cuenta, como diablo suelto.
Tampoco había que dejarlo de su cuenta a Sancho, como encomendero, como
corregidor, y menos como doctrinero.
Cervantes tenía razón: Hacían falta los dos. Y al escribir Don Quijote, logró con
creces proyectar su testimonio católico-evangélico al día de hoy.
¡Acabas de decodificar el Código QUIXOTIZ, cuatrocientos años después!
UN ENIGMA VESTIDO DE MUJER
Por Moisés Chávez
Cuando yo tenía doce años, ni bien me vi libre de las responsabilidades del Colegio San Andrés viajé a mi ciudad natal, Celendín, a mil kilómetros de Lima, en los Andes del norte del Perú, para pasar mis vacaciones de fin de año cerca de mi amor platónico.
Era mi amor imposible, que copaba todos mis sueños, todos los días del año, en estado consciente, inconsciente y encantado.
Ahora que soy mayor, cuando recuerdo distante ese apasionamiento, me vuelvo más humano para comprender a otros que como yo sufren de amor. Sobre todo porque lo que a partir de entonces ocurrió en mi vida fue algo parecido a lo que le ocurría al ilustre hidalgo, Don Quijote de la Mancha.
* * *
Ella vivía justo frente a mi casa en la Calle José Gálvez Nº 714. Era unos meses mayor que yo, pero pintados sus labios y con su mini que hacía resaltar sus caderas, parecía una mujer hecha y derecha.
A menudo la veía salir y entrar acompañada de su mamá o de sus hermanos pequeños. Una que otra vez salió del brazo de su papá.
Desde mi ventana monitoreaba el momento en que pudiera salir sola, como ocurrió una vez, y nos hablamos: “¿Cómo estás? Bien. ¿Y tú? Más o menos. ¿A dónde bueno? ¿Parriba? No, pabajo. Entonces, chau.”
Nada más. Pero algo es algo, comparado con el pobre de Don Quijote de la Mancha que ni siquiera tuvo con su amada un solo diálogo vital.
¡Y de tanto monitorear su puerta desde mi ventana, adivina a quién vi salir de su casa, a saltos de mata, en medio de la penumbra del anochecer!
¡Nada más ni nada menos que a Don Quijote de la Mancha!
¡Sí, era él! ¡Sabía que era él, por su vellorí y sus calzas de velludo!
Pero, ¿qué diablos hacía ese senil en su casa de mi tierna Dulcinea?
* * *
Una sombra misteriosa la encubría a ella de mi vista, por lo que volví a refugiarme en la lectura de los pocos volúmenes que quedaban de la desmantelada biblioteca de mi abuelo, el Capitán Don Zaturnino Chávez Baella, sea su memoria bendición.
Las Tradiciones Peruanas de Don Ricardo Palma me divertían mucho. Las obras teatrales de William Shakespeare, vertidas en el formato de historias cortas, fueron una lectura muy placentera para mí en aquella inolvidable vacación en esa villa de ensueño. Pero a causa de un malvado hechizo o encantamiento quedé bloqueado cuando abrí El Quijote de la Juventud, un volumen de hermoso acabado, publicado en Francia por la Casa Editorial Garnier.
Se trata de un extracto de la obra de Cervantes realizado por Domingo López Sarmiento e ilustrado a todo color por Jules David. En sus láminas viví las aventuras hilarantes de Don Quijote. Pero cuando intenté leerlo de manera ordenada no pude acabar el primer párrafo, por lo que desistí, y me contenté con sólo mirar las ilustraciones y las frases entrecortadas que tenían al pie.
¿Qué pasó? ¿Estabas bajo algún hechizo malévolo? ¿Estaba embrujado ese libro en particular en medio de todos los libros de la biblioteca de tu abuelo?
Dejé de lado el libro, y a través de la penumbra volví a monitorear a mi Dulcinea, mi enigma vestido de mujer.
* * *
En lo que a ella respecta, me refiero a su Dulcinea de Don Quijote, estamos también ante ¡un enigma vestido de mujer!
El lector puede ser fácilmente despistado por nadie menos que Sancho, y terminar creyendo que ella no era realmente una mujer, sino una ardilla que después de pasar una vida encantada y en forma de mujer, al final de la historia volvió a ser ardilla. ¡Allá vos si le crees al mentecato de Sancho!
Ella, la Dulcinea del Toboso, es el personaje más enigmático, habiendo la posibilidad de que era la joven con quien Cervantes tuvo una hija natural antes de casarse con Catalina de Palacios Salazar. La tragedia giraría alrededor del hecho de que Cervantes, por alguna razón que desconocemos, nunca más la volvería a ver en su vida, ni ella se enteraría jamás de la grandiosa obra de su genio.
Si la Dulcinea se inspira en una mujer de carne, hueso y corpiño, aunque sea ficticio su nombre Aldonza Lorenzo hija de Lorenzo Corchuelo y Aldonza Nogales, el amor imposible de Cervantes estaría de por medio, porque el primer amor se estampa en el alma para siempre.
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El genio de Cervantes te puede despistar, como cuando Don Quijote le dice a Sancho: “Ven acá, hereje, ¿no te he dicho mil veces que en todos los días de mi vida no he visto a la sin par Dulcinea, ni jamás atravesé los umbrales de su palacio, y que sólo estoy enamorado de oídas y de la gran fama que tiene de hermosa y discreta?”
Pero quizás llegue el momento en que se descubra alguna carta, algún documento cervantino y se aclare por fin este enigma vestido de mujer.
En cuanto respecta a otros personajes quijotescos, como los que representa el actor Ben Stealer, no diré nada. Pero en cuanto a mí respecta, que soy heredero del apellido del hidalgo (yo soy Don Trepanación de la Mancha, para servirle a usted), mi Dulcinea se llama Aldonza Díaz Encinas y sigue encerrada en la torre encantada de Burgos, junto a la tumba del Mío Cid, hasta que llegue el momento dichoso que espero, de que sea por fin desencantada por el mago Merlín.
¿Tu Dulcinea? ¡Pero si es la misma Dulcinea del hidalgo de la Triste Figura!
¿Qué Don Quijote y yo compartamos la misma mocosa? ¡Que el Cielo me libre, amén!
LA MISTERIOSA
CUEVA DE MONTESINOS
Por Moisés Chávez
Y hablando de la gran aventura de mi tío, Don Quijote de la Mancha, en la cueva de Montesinos, en la región de La Mancha, ella es distinta de las que el ilustre caballero andante enfrentaba de manera rutinaria “satisfaciendo agravios, enderezando tuertos, castigando insolencias y venciendo gigantes.”
Ella da expresión, en cierto modo, a sus inquietudes relacionadas con la exploración arqueológica, pero le movía una inquietud más personal. . .
* * *
¿Por qué la obsesión de Don Quijote respecto de la cueva de Montesinos?
¿Acaso se había enterado en sus correrías de la tradición que asociaba esa cueva misteriosa con la memoria de Merlín, el gran mago francés, “Proencantador de los Encantadores”, cuyo espíritu aún seguía encantando y desencantando caballeros y nobles señores y señoras en el mundo de los vivientes?
¿Pensaría acaso que conocer los secretos que encerraba dicha cueva tenebrosa tendría algo que ver con la remota posibilidad de restaurar a su amada Dulcinea del cruel encantamiento que la redujo de una dama bien nacida a una tosca labradora?
Alguien le habría dicho que Merlín era el único capaz de romper el hechizo que algún encantador, consagrado enemigo suyo, había echado sobre su amada, reduciéndolo a él mismo a vivir toda su vida como un “platónico continente” o un “mentecato gracioso”.
Sea como sea, aquélla fue una aventura sui generis. Hasta donde sé, mi tío ha sido el único explorador que tuvo la osadía de descender a la sima de la misteriosa cueva a la que muchos evitaban acercarse a causa de sus asociaciones extrasensoriales y ultratúmbicas, exactamente como ocurre con el Tragadero en Celendín, hervidero de duendes y antesala del infierno.
* * *
Al lugar donde se encuentra la cueva llegó Don Quijote acompañado de su fiel escudero Sancho Panza y de cierto estudiante universitario que le fue presentado en las bodas de Don Víctor Camacho.
Este decía ser aficionado a leer libros de caballería (con lo que se echó al bolsillo a Don Quijote) y a escribir sonseras y temas para el vulgo, por lo que congeniaba con Sancho. En el camino él les solazaba con sus respuestas, fruto de sus investigaciones científicas, como cuando Sancho le planteó la pregunta acerca de quién fue el primer hombre que se rascó la cabeza.
Su argumento es más que convincente: “Porque Adam no hay duda sino que tuvo cabeza, y siendo esto así, y siendo el primer hombre del mundo, alguna vez se rascaría.” Hay gente a quienes les interesa saber de estas cosas, ¿sabes?
Pero ese estudiante cometió el error garrafal de revelar su verdadero interés que, como se dice, no era por amor al chancho. El, que no se atrevería a enfrentar semejante aventura no obstante ser joven, quería más bien utilizar a Don Quijote, que ya había traspasado el umbral prostático, para incluir dizqué de primera mano, en su libro Transformaciones, que estaba escribiendo, las cosas que Don Quijote refiriera acerca de la cueva.
Su vista estaba en las regalías, acrecentadas por el valor comercial de la creciente fama editorial que venía acumulando mi tío. Pero es posible que jamás haya alcanzado a escribir algo de interés para el vulgo, ni algo que realmente valga la pena.
* * *
En el camino compraron cien brazadas de soga para descolgar a Don Quijote en la parte de la cueva que se conectaba en todas direcciones con muchos otros ámbitos que fueron escenario de las sublimes experiencias oníricas del osado caballero.
Como es de todos sabido, el nombre de la cueva hace honor a Don Vladimiro Montesinos, escudero del caballero andante en bicicleta, Don Arberto Fujimori, a quien, tiene la pechuga de confesar haberle arrancado el corazón con una lezna. Aunque en su lecho de muerte, en el fondo de la cueva, el finado caballero sigue suspirando y emitiendo opiniones.
Como dije antes, es posible que mi tío haya sido el primer explorador de la cueva. Al menos su hazaña ha sido la primera en ser documentada en la obra de su biógrafo original, el cronista Cide Hamete Benengeli.
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En el fondo de la cueva, Don Quijote sufrió un síncope que le llevó a un estado de somnolencia en que pudo departir con el mismo Montesinos y con otros personajes destacados de la caballería andante que previamente había conocido sólo mediante las novelas de este género de cuya lectura era adicto.
Pero no todo lo que vio estaba vinculado con el sub-mundo de la caballería andante. Lo más valioso y placentero para él en la cueva fue que en medio de la visión de una hermosa campiña vio a su amada Dulcinea, en plena adolescencia, tal como la viera en sus furtivas visitas al Toboso.
Volvió a verla correr como corren de arriba abajo las chicas adolescentes que recién despiertan a la sensualidad y al amor, según la castellana Oda al Sostén que escribiera la sin par Chuchy Díaz del Vivar:
Quieras o no quieras,
te luas de ponerrr,
pues si no te lo pones,
no podrás correrrr.
Y lo más significativo y placentero: Ella le vio a él, y por medio de una dama de su entorno le mandó pedir prestado una media docena de reales, cosa que el Príncipe de los Encantadores (que resulta no haber sido Merlín, sino otro) interpretaría en una sesión de psicoanálisis como una señal simbólica de dependencia emocional de mujer a marido, o viceversa.
Al ser sacado de la cueva, y después de ser despertado a costa de mucho trabajo, Don Quijote refirió que su experiencia había sido sumamente placentera. Estas son sus palabras textuales: “Dios os lo perdone, amigos, que me habéis quitado de la más asombrosa y agradable vida que ningún humano ha visto ni pasado. En efecto, ahora acabo de conocer que todos los contentos desta vida pasan como sombra y sueño, o se marchitan como la flor del campo.”
Así se da a entender que algo misterioso en la cueva perpetúa y eterniza los contentos de esta vida, lo que quizás se deba a un hechizo o encantamiento de Merlín, el gran encantador francés por muchos considerado hijo del Diablo.
Su aventura duró poco más de una hora, pero a Don Quijote le parecieron tres días con sus noches, tiempo que según otras obras de literatura de misterio, es standard de las experiencias traumáticas o de contacto con el Tercer Cielo.
PSICOANALISIS
DE DON QUIJOTE DE LA MANCHA
Por Moisés Chávez
Lo que Don Quijote refirió respecto de las visiones que tuvo en la cueva de Montesinos dejó intrigados a muchos investigadores, entre ellos a una interesante pareja ibérica, una Duquesa conocida con el epíteto de “la Bella Cazadora”, por su belleza y su afición a la caza, y su esposo el Duque, ambos súbditos del reino de Don Clavijo y de Doña Antonomasia.
La Duquesa y el Duque, prácticamente habían dedicado sus vidas a la investigación de los misterios del alma de Don Quijote y de su escudero, Sancho Panza. Estaban saturados de la literatura que acerca de ellos circulaba en todo el reino de España, y parecen haberla hecho lectura obligatoria para todos sus súbditos, al juzgar de la manera cómo éstos colaboraban tan perfectamente con los designios de sus amos todo el tiempo que tuvieron el honor de alojar en su palacio a Don Quijote y a Sancho.
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La Duquesa y el Duque, exponentes de los avatares de su tiempo, al comienzo no tenían objetivos ni antropológicos ni psicoterapéuticos, sino que asumieron tal dedicación como pasatiempo, pues si algunos persiguen la adrenalina, ellos perseguían la hilaridad que les provocaba el desenvolvimiento de sus huéspedes.
Más adelante, juzgando su actuación como relacionada con los nobles objetivos de la misionología, la Duquesa y el Duque estaban abocados a gastarles bromas pesadas montando para ello espectaculares escenarios histriónicos en su palacio y alrededores; eso sí, sin faltar en la apariencia el respeto y la honra debidos a sus honorables huéspedes.
Sirva de ejemplo el montaje escénico que hicieron para la aparición del fantasma del mago Merlín, que acudió a su convocatoria con el propósito de revelar a Don Quijote la clave definitiva para el desencantamiento de Doña Dulcinea.
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Merlín se expresa en sofisticado verso, y en la última estrofa hace esta emotiva revelación a Don Quijote:
¡A ti, oh varón
como se debe por demás alabado!
A ti, valiente juntamente y discreto
Don Quijote de la Mancha,
esplendor de España, estrella:
Que para recobrar su estado primo
la sin par Dulcinea del Toboso,
es menester que Sancho, tu escudero,
se dé tres mil azotes y trescientos
en ambas sus valientes posaderas
al aire descubiertas y de modo
que le escuezan y le amarguen y le enfaden.
Y en esto se resuelven todos cuantos
de su desgracia han sido los autores,
y a esto es mi venida, mis señores.
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De más está decir que la escena de la aparición del mago Merlín en el Castillo Ducal había sido diseñada por la Duquesa misma, que gracias a su argucia había llegado a saber que Sancho era el culpable de la credulidad de Don Quijote, de que su amada Dulcinea estaba encantada.
Sancho había fraguado esta mentira que Don Quijote se creyó toda su vida; y por cierto, Merlín se mostraría como que sabía el fondo de las cosas y vio que el desencantamiento de la dama dependía de un castigo ejemplar bonitamente aplicado a las valientes podaderas del sin par escudero.
Por supuesto, Sancho Panza protestó de la receta francesa diciendo:
¡Válate el diablo por modo de desencantar! ¡Yo no sé qué tienen que ver mis posas con los encantos! ¡Por Dios que si el señor Merlín no ha hallado otra manera cómo desencantar a la señora Dulcinea del Toboso, encantada se podrá ir a la sepultura!
A lo cual Don Quijote replicó con justa razón y lleno de ira:
¡Tomaros he yo, don villano, harto de ajos, y amarraros he a un árbol, desnudo como vuestra madre os parió!
Oyendo lo cual dijo Merlín:
No ha de ser así; porque los azotes que ha de recibir el buen Sancho han de ser por su voluntad y no por fuerza, y en el tiempo que él quisiere; que no se le pone término señalado. . .
Dicho sea de paso, en lo que le quedaba de vida, Sancho simuló darse sólo unos cuantos azotes de buena voluntad, que en realidad caían sobre el tronco de un árbol, aunque los gritos sí eran suyos.
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¿Qué es lo que ocurría con Don Quijote de la Mancha?
¿Qué de verdad y qué de mentira había en su relato de su experiencia en la sima de la cueva de Montesinos en medio de una multitud de personas hechizadas por las artes mágicas de Merlín o de algún otro desalmado encantador?
La Duquesa y el Duque creían que su estado de somnolencia nada tenía que ver con encantamientos y que habría sido resultado del aire viciado de la cueva. Don Quijote todavía estaba en tal estado de somnolencia cuando Sancho y el estudiante lo subieron a la superficie e intentaron revivirlo dándole vueltas sobre el suelo, “como quien enrolla una alfombra”.
La opinión de Sancho Panza era que su amo y señor había estado en el fondo de la cueva más loco de lo que solía estar en la superficie. La mención de Don Quijote, que en la entrada del Toboso, Doña Dulcinea era una de las aldeanas que huyeron en sus acémilas que era invención de Sancho , le fue indicio de que todo el recuento de Don Quijote era mentira.
Pero la Duquesa y el Duque llegaron a creer que en verdad afloraron en su sueño las dos temáticas que le obsesionaban estando despierto: Los personajes de las novelas de caballería andante y la visión etérea de su amor juvenil.
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Fue así que, basados en la inquietud sincera de Don Quijote por verificar la autenticidad de su experiencia en la cueva de Montesinos, la Duquesa y el Duque hicieron las debidas conexiones para que mi tío aceptara someterse al análisis de su alma llevado a cabo por el archifamoso Príncipe de los Encantadores, que como dijimos antes, no hay que confundirlo con el mago Merlín.
Echado en un diván, en un cubículo pequeño, y conversando plácidamente con quien analizaba su alma, Don Quijote podría experimentar la consumación de su orgasmo con su amada Dulcinea, además de esclarecer el enigma que el mono adivino de Maese Pedro se encargó de enredar al decirle de las cosas que vio en la cueva de Montesinos que “parte eran verdad y parte, mentira”.
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El momento oportuno, porque se tendría que prescindir esta vez de la omnipresencia de su fiel escudero, sería mientras éste se encontraba juramentando y asumiendo su sitial de señor Gobernador de la ínsula Barataria.
El medio para viajar a Viena, el remoto lugar donde estaba el Príncipe de los Encantadores sería necesariamente por vía aérea, mediante el “Clavileño”, un tosco caballo de madera, ancestro directo del aeroplano. Su efectividad para el transporte aéreo habían comprobado previamente Don Quijote y Sancho Panza cuando “volaron” sobre él como recurso para desencantar a la Condesa de Trifaldi y a las dueñas del palacio ducal. Usted recordará que gracias a la vehemencia de la sin par pareja de Don Quijote y Sancho Panza, ellas recuperaron su hermoso y femenino rostro, libre de la estúpida y asquerosa barba varonil que les creció a causa de los malévolos encantamientos tan en boga en la España de ese tiempo, e incluso de hoy.
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¿Acaso aquel “vuelo” previo no formaba parte de la estratagema de la Duquesa para contar con el asentimiento de Don Quijote para viajar a Viena y someterse finalmente al PSICOANALISIS?
Quien lea la historia al respecto se dará cuenta que después de haber sido vendados Don Quijote y Sancho (cosa de rigor, como ajustarse los cinturones en los aeroplanos de nuestro tiempo), su “avión” en realidad no despegó, ni hizo ningún viaje, ni aterrizó, y lo que ellos experimentaron fue nada más que “efectos especiales”.
Así se nos relata el final de esa previa aventura, el emotivo aunque peligroso momento cuando el Clavileño “aterriza” de regreso: “Todas estas pláticas de los dos valientes oían el Duque y la Duquesa y los del jardín, de que recibían extraordinario contento. Y queriendo dar remate a la extraña y bien fabricada aventura, por la cola del Clavileño le pegaron fuego con unas estopas, y al punto, por estar el caballo lleno de cohetes tronadores, voló por los aires con extraño ruido y dio con Don Quijote y Sancho Panza en el suelo, medio chamuscados.”
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Como Don Quijote y Sancho Panza habían hecho ese exitoso “viaje” previamente, no fue difícil convencerle a Don Quijote para que enfrentara otra aventura semejante, aunque con mayores garantías técnicas para su seguridad física, ya que esta vez se le presentaba la gran oportunidad de su vida, la oportunidad de desencantar ya no a extrañas, sino a su amada Dulcinea, y encontrarse con ella ya no en las profundidades de la cueva de Montesinos, sino en las profundidades de su propia alma.
Para empezar, esta vez el piloto del Clavileño no sería Don Quijote mismo, porque él iría cómodamente recostado en el interior, a la manera de los héroes aqueos que fueron metidos a Troya en el interior del famoso caballo Paladión. El piloto, que a manera de timón manipulaba la clavija que había en la nuca del Clavileño, sería Malambruno, también él encantador, aunque de baja ralea, quien asumiría la empresa para implementar su curriculum vitae.
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En el vientre del Clavileño se había dispuesto un diván acolchado para que sobre él Don Quijote fuera sometido a hipnotismo en una sola sesión de psicoanálisis, sin tener que descender en su destino, donde le esperaba el famoso psicoanalista.
Corría en todas las comarcas de Europa la fama de este mago encantador, más poderoso que Merlín, que era conocido como el Príncipe de los Encantadores, y cuyo nombre famoso era Segismundo Duerf.
Sólo él podría desencantar a Don Quijote y a Doña Dulcinea del Toboso, que aparecía y desaparecía en la vida consciente y en los sueños eróticos de mi valeroso tío.
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Las cosas resultaron tal cual fueron planeadas y el psicoanálisis de Don Quijote de la Mancha dio el siguiente resultado: Contrario a la opinión de Sancho Panza, Don Quijote no era loco de atar; pero su psiquis era propensa a oscilar fácilmente entre el mundo consciente y el inconsciente, sobre todo en circunstancias patéticamente eróticas como las que él experimentaba a diario.
El problema de mi tío, como ocurre con muchas personas reprimidas, era que a manera de compensación psicológica su subconsciente afloraba más frecuentemente de lo común, y no sólo en sueños, sino también en estado alerta, lo que técnicamente se llama “soñar despierto” y a lomo de bestia.
Este montaje consciente-subconsciente, según algunos encantadores es locura, y según otros es cordura. La verdad es que la línea divisoria entre la locura y la cordura aún no ha sido definida por los encantadores y sabios de la CBUP.
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Don Segismundo Duerf decidió que en algún momento de su vida su Dulcinea, la hermosa aldeana de quien Don Quijote se enamoró, le vio a él y se enamoró de él, y esperó de parte de él una declaración de amor que condujera al fuego del lecho, si no al fuego de un hogar legalmente constituido. Esto revela el detalle de que en la cueva de Montesinos, por medio de una dama de su entorno ella le mandó pedir prestado a Don Quijote una media docena de reales como una señal simbólica de entrega y dependencia emocional de mujer a marido. Pero, ¡qué piña! Don Quijote era “misio”, y llevaba en el bolsillo nada más que cuatro reales.
El psicoanálisis de Don Quijote de la Mancha presenta a Dulcinea, es decir, a Aldonza, como una chica adolescente que vivía en el toboso de Tournavista. Gracias a la regresión se aclaró que Aldonza no era su nombre de pila, sino su diminutivo de cariño. Su verdadero nombre era Aldi, cuya hermosa imagen se quedó impregnada para siempre en el corazón de Don Quijote, la misma que él volvería a ver en el estado consciente y libre de hechizos al final de su vida, una vez llegado el momento de consumar su matrimonio virtual.
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El informe que Don Segimundo Duerf, Príncipe de los Encantadores, remitió a la Duquesa y al Duque, firmado y en sobre lacrado, termina con una nota hermenéutica que dice sexualmente:
El ser humano no se compone de cuerpo, alma y espíritu, a la manera de una pizza de tres tajadas (lo que se llama “tricotomía”). En realidad es una unidad psico-corporal indivisible que incluso incluye su atuendo. Por eso mismo los fantasmas de los muertos pueden ser reconocidos no sólo por su atuendo interior, que es su cuerpo, sino también por su atuendo exterior. Sólo su fantasma de Don Augusto Gil tiene la osadía de exhibirse ante las damas más católicas de Celendín, todo sipralla.
Descifrando esta nota psicológica, resulta que la psiquis impregna el cuerpo, y viceversa, y la unidad psico-corporal se desenvuelve en tres dimensiones o submundos separados, pero que bajo ciertas condiciones se intercomunican. Estos submundos son: El Consciente, el Subconsciente y el Inconsciente, a los cuales se podría añadir el Inconsciente Colectivo, que ha sido recientemente explorado por un discípulo mío, Carlos Jungo.
El Subconsciente es el submundo más próximo al Consciente y a menudo aflora en los tests de asociación de ideas y en sueños como los que experimentó Don Quijote en la cueva de Montesinos. Hablando de simbolismos, la sima de la cueva de Montesinos simbolizaría el Subconsciente, y el exterior de la misma el Consciente.
El Inconsciente es un submundo más profundo y puede aflorar mediante sueños, pero no es de fiarse de la claridad del mensaje simbólico de los mismos. Es más confiable hacer que aflore mediante el hipnotismo o sueño inducido con el propósito de lograr la regresión y explorar el origen de los traumas psicológicos.
Por ahora no penetramos más hondo, al Inconsciente Colectivo que tiene que ver con la herencia étnico-cultural que casi se fusiona con lo genético, y que es la causante de diversos fenómenos que se explican erróneamente como re-encarnación.
En resumen, declaramos que la experiencia de Don Quijote de la Mancha no es otra cosa que. . . ¡locura funcional!
Firmado: Dr. Segismundo Duerf
Es evidente el éxito del Príncipe de los Encantadores, aunque también es cierto que el que encanta desencanta.
Su éxito es proverbial, no obstante sus excesos expresados en su obra Die Zukunft einer Illusion, respecto de que la religión “cura las neurosis menores de la vida sólo para dejar al individuo en poder de una gran superstición”.
Expresiones como éstas le han merecido cierta aureola de rechazo en medio de algunos círculos cristianos medievales, lo que no ha ocurrido en Israel de acuerdo con la palabra que dice: Yehudí, im ki jatá, yehudí nishar (el judío, aunque peque, judío se queda). Es así que en Yafo (Jope), en las inmediaciones del muelle donde el profeta Jonás se embarcó rumbo a España para escaparse del Dios de Israel, sin imaginarse que en la travesía se lo iba a tragar una ballena. . . A pocos metros del monumento que los israelíes le han levantado a esa ballena, hay un museo dedicado al legado de Don Segismundo Duerf.

En ese museo, si acercas bien tus ojos y pegas bien tu nariz para observar de cerca los detalles miniaturas de las valiosas piezas artísticas en exhibición, verás que todos ellos son casualmente eso: Minúsculos culos en perfecto caos, para honrar la interpretación de Freud de los traumas psicológicos, como que derivan de una sintomatología de frustración sexual.